Añoranza

 

Era un tarde fría y lluviosa. La esperanza de cruzarme con ella se desvanecía entre la neblina del oscurecer.

Soñé con detener el tiempo, inmóvil entre los latidos de mis suspiros.

Doblegué mis pasos a la sonrisa de su alma; recordando los momentos eternos de las miradas de pasión.

Grité su nombre, clamé y decliné las más bellas frases del rojo corazón de los deseos, pero los ecos de las sombras me abrazaron con la soledad.

Pensé en contener los vientos de las palabras que un día flotaban entre los perfumes de nuestros sentidos, pero la triste caída de las hojas en aquél viejo bulevar, golpearon nuevamente mis recuerdos a la realidad de mi tormento.

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